Para Sara, otra iraní exiliada en Madrid, el bloqueo de las comunicaciones es «de una maldad absoluta». Porque no es solo que no pueda hablar con sus primos y sobrinos que viven en Teherán, «sino que, sabiendo que ahora se pueden hacer llamadas de pocos segundos, el no recibirlas puede significar lo peor de los destinos: que están detenidos o incluso peor, muertos». De momento, Sara no ha tenido la misma suerte que Medis de poder hablar durante unos segundos con sus familiares.
Las dos mujeres decidieron dejar Irán porque no se veían viviendo en una teocracia regida por unos principios que no hacen nada más «que oprimirnos como mujeres y como seres humanos». Sara se marchó de Teherán hace ya 39 años, «en cuanto comenzaron a instaurar el velo obligatorio y otras medidas contra las mujeres». Allí dejó a familia y amigos.
Medis se fue de Irán después de las protestas de 2022, que levantaron a todo el país tras la muerte de la joven kurda Mahsa Amini bajo custodia de la Guardia Revolucionaria por llevar mal puesto el velo.
Ahora, ambas mujeres viven «con mucho dolor y mucha preocupación» lo que están viendo desde la distancia y se enteran a cuentagotas de lo que está pasando en su país.
«Desde hace muchos años hemos tenido movimientos que han luchado por echar abajo al régimen teocrático. Ahora, desde hace tres semanas, la gente de Irán está en las calles y protesta por todas las cosas que no tenemos: una buena situación económica, libertad, igualdad, dignidad…», comenta Medis.
Quiebra económica
Estas manifestaciones comenzaron el 28 de diciembre como unas protestas por la situación económica de un país casi en quiebra: una inflación de más del 45%, una fuerte caída de la moneda y la inevitable subida de los precios.
Poco después, estas protestas fueron tomando cada vez más la forma de la tan ansiada revolución que buscan los iraníes: los jóvenes se unieron a las manifestaciones y salieron a las calles del país en multitudes bajo el grito de 'Muerte al Ayatolá' y 'Abajo el régimen', junto al ya conocido 'Mujer, vida, libertad' que encabezó todas las manifestaciones del año 2022.
Esta modificación en las protestas también provocó el cambio en la forma de manejarlas por parte del régimen. Hasta ese momento, habían dejado hacer a los manifestantes pero, a partir de los primeros días de enero, la represión llegó a todos los rincones del país convirtiéndose en una auténtica carnicería.
Disparidad en la cifra de muertos
Bien lo sabe Mohamed (nombre ficticio), un médico de la ciudad de Mashhad, al oeste del país. «Las cifras de muertos y heridos son mucho más altas de lo que están contando. Esto es una carnicería. A lo largo de los 12 kilómetros del bulevar Vakilabad (en Mashhad) ha habido muertos, muchísimos. Y ha ocurrido cada noche desde que comenzaron las protestas», explicaba «con profunda tristeza pero con la necesidad de que todo el mundo sepa lo que está ocurriendo».
Según datos de la agencia de noticias estadounidense Human Rights Activists News Agency, el número de personas que han perecido en las protestas se elevan a las 2.600. Pero se espera que el total de muertos aumente sustancialmente a medida que el régimen alivie el bloqueo de las comunicaciones impuesto desde el 8 de enero y prolongado hasta el 21 de marzo, celebración del año nuevo persa. Otras organizaciones como Iran Human Rights, con sede en Noruega, cifraban en 3.400 los manifestantes muertos en 15 provincias. Esto convertiría la actual represión en la más mortífera en Irán desde la década de 1980, cuando el gobierno ejecutó a miles de presos políticos al consolidarse en el poder tras la revolución de 1979.
Esta vez, las fuerzas del régimen estaban listas para desempeñar un papel más letal en la represión de las protestas. El Cuerpo Paramilitar de la Guardia Revolucionaria Islámica y la milicia voluntaria Basij, vestidos de civil, se desplegaron en gran número por todo el país, a menudo armados con fusiles de asalto kalashnikov.
Así lo constata una cirujana de uno de los hospitales de Teherán. En varios mensajes compartidos con Medis y a su vez con ABC, esta médico, que prefiere permanecer en el anonimato, asegura que el tipo de lesiones que estaba tratando cambió de forma repentina alrededor de la medianoche del pasado jueves 8 de enero. «Lo que empezó con lesiones por balas de goma y perdigones se convirtieron en lesiones por armas automáticas, causando heridas similares a las que se ven en los campos de batalla. Los hospitales están completamente desbordados». Al igual que las morgues y las cárceles. «20 miembros de mi familia han sido asesinados durante las protestas», asegura una vecina de Isfahan. Ha conseguido ponerse en contacto con Rym Sheermohammadi con una llamada de unos pocos minutos y es a través de Sheermohammadi, activista de origen iraní y residente en Barcelona, como conocemos este testimonio. El relato que hace sobre cómo consiguieron primero identificar los cadáveres y, después, llevarlos de vuelta a casa es desgarrador.
«Los cuerpos están envueltos en bolsas negras y, después de varias visitas a diferentes cárceles y hospitales, al final te dicen dónde pueden estar. Fuimos a una morgue en Isfahan y, tras varias horas esperando, conseguimos entrar en una sala donde a través de una pantalla enseñaban los cadáveres e ibas apuntando los números que identificaban los cuerpos, pero eso no es lo más duro. Tras la identificación, viene la hora de pagar para recuperar los cuerpos y no pudimos llevarnos a todos. Tuvimos que escoger».
De momento, las protestas parecen que han bajado de intensidad, sobre todo después de que esta semana el régimen impusiera una ley marcial completa con militares por las calles y barrios completos hechos cuarteles generales, con un toque de queda que, si no se cumple, puedes ser víctima de represalias.
«¿Dónde está la izquierda?»
Ahora hay muchas incógnitas: si Estados Unidos intervendrá, como dijo Donald Trump «si seguía habiendo muertos», o cuál será la alternativa al ayatolá Jamenei y si puede ser Reza Pahlevi, el hijo del sah. «Ahora mismo no estamos pensando en la alternativa al poder, sino en acabar con el régimen opresor», aseguran los iraníes en el exilio contactados por este periódico.
Pero una pregunta sobrevuela con más fuerza, sobre todo, entre la población iraní en el exilio: ¿Dónde está la izquierda política? «Nadie habla de Irán», dice Medis con cierto enfado pero, especialmente, con cierta decepción. Algo que comparten más personas contactadas. Así lo zanjan con contundencia: «Hablan de Palestina, de Sudán, pero luego llega Irán o Venezuela y ni un mensaje. Si defienden los derechos humanos, nosotros también lo somos».