Resines acudió acompañado por su esposa, Ana Pérez-Lorente, y fue precisamente ella la clave que explica su presencia en uno de los momentos más delicados para la familia de la reina Sofía.
Una amistad que viene del colegio
El verdadero motivo por el que Antonio Resines estuvo en la misa de Irene de Grecia se remonta varias décadas atrás. Ana Pérez-Lorente mantiene una estrecha amistad con las infantas Elena y Cristina desde su etapa escolar, cuando coincidieron como alumnas en el colegio Santa María del Camino, en Madrid. Una relación que, con el paso de los años, no solo se ha conservado, sino que se ha reforzado en la vida adulta.
Lejos de los actos oficiales y de los compromisos públicos, el vínculo entre ellas se ha sostenido en encuentros privados, apoyo mutuo y una cercanía que se mantiene al margen del foco mediático. Esa amistad explica que la pareja haya estado presente en distintos momentos personales de la familia Borbón y Grecia, especialmente en aquellos de carácter íntimo.
Un gesto de apoyo en un momento clave
La misa celebrada en Madrid fue la primera despedida a Irene de Grecia, fallecida el pasado 15 de enero, antes del traslado de sus restos a Grecia, donde será enterrada en el cementerio real de Tatoi, junto al resto de su familia. Un acto cargado de emoción, encabezado por la reina Sofía, y al que acudieron también los reyes Felipe VI y Letizia, la princesa Leonor, la infanta Sofía, así como las infantas Elena y Cristina.
En ese contexto, la presencia de Resines y Pérez-Lorente se interpretó como lo que realmente fue: un gesto de acompañamiento personal, no una aparición pública ni una coincidencia social. La pareja llegó con semblante serio y actitud discreta, integrándose en el clima de recogimiento que marcó toda la ceremonia.
Una relación que se ha mantenido en el tiempo
No es la primera vez que Antonio Resines y su mujer coinciden con las infantas en actos de carácter religioso o personal. Ya lo hicieron en 2024, durante el funeral por el eterno descanso de Paola Caprile, hermana del diseñador Lorenzo Caprile, celebrado en Madrid. En aquella ocasión, como ahora, el saludo fue cercano y natural, reflejo de una relación consolidada.
A lo largo de los años, el propio actor ha hablado con naturalidad de esa cercanía, siempre desde el humor y sin solemnidad, dejando claro que su conexión con la Casa Real no nace de su trayectoria profesional, sino del círculo personal de su esposa.
Cercanía más allá de los focos
Esa relación quedó especialmente patente durante el grave ingreso hospitalario de Resines en plena pandemia, cuando recibió muestras de interés y apoyo desde el entorno de la Familia Real. Un episodio que reforzó una amistad que se ha mantenido constante, discreta y alejada de cualquier intención pública.
Por eso, su presencia en la despedida de Irene de Grecia no responde al protocolo ni a la notoriedad del acto, sino a algo mucho más sencillo y a la vez más profundo: estar cuando toca estar. En silencio, sin protagonismo y desde la cercanía personal que solo se explica con el paso del tiempo.