Eugenia de York corta con su padre tras el último golpe del caso Epstein

La ruptura llega tras meses de creciente presión sobre Andrés Mountbatten-Windsor, marcado de nuevo por su vinculación con Jeffrey Epstein y por el impacto que esas revelaciones siguen teniendo dentro y fuera de Buckingham. Para Eugenia, esta vez, el punto de no retorno parece haberse cruzado.

Un corte sin matices

El gesto de Eugenia no es simbólico ni estratégico: es un corte limpio. Su entorno describe la situación como un silencio absoluto, una decisión que va más allá del enfado puntual y que apunta a un quiebre profundo. Andrés, siempre según estas mismas fuentes, estaría «devastado» por el distanciamiento con su hija menor, con la que hasta ahora mantenía una relación más cercana que con otros miembros de la familia.

El detonante habría sido la reaparición de nuevas informaciones sobre la relación del duque con Epstein y, sobre todo, la negativa de Andrés a asumir responsabilidades públicas o a disculparse con las víctimas. Un posicionamiento que choca frontalmente con los valores que Eugenia ha defendido en los últimos años.

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Activismo y coherencia personal

La princesa no es una figura decorativa dentro de la Corona. Eugenia es cofundadora de The Anti-Slavery Collective, una organización dedicada a combatir la trata de personas y la explotación sexual. Su implicación en este ámbito no es reciente ni superficial, y precisamente por eso su postura frente al caso de su padre resulta especialmente significativa.

En este contexto, mantener una relación normalizada con Andrés se habría vuelto incompatible con su discurso público y con su compromiso personal. La decisión de cortar el contacto no sería solo familiar, sino también ética.

Beatriz, la otra vía

El contraste lo marca su hermana mayor. Beatriz de York ha optado por una posición mucho más contenida, intentando no romper del todo con su padre y, al mismo tiempo, preservar su vínculo con el resto de la familia real. Una estrategia de equilibrio que también responde a su papel institucional y a la necesidad de no quedar atrapada en el desgaste de la figura de Andrés.

Ambas hermanas, eso sí, pasaron las Navidades con el resto de la familia real en Sandringham, invitadas por el Rey Carlos III. Andrés, en cambio, fue apartado del núcleo familiar durante las celebraciones, un gesto que muchos interpretan como una decisión consciente para protegerlas del impacto mediático.

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Un declive que no se detiene

La ruptura con Eugenia llega cuando el expríncipe atraviesa uno de los momentos más bajos de su trayectoria. Sin títulos, sin funciones oficiales y con una salida inminente de Royal Lodge, la residencia que ocupó durante dos décadas, Andrés se enfrenta ahora también a un aislamiento personal cada vez más evidente.

La mudanza forzada, el distanciamiento institucional y ahora la fractura familiar dibujan un escenario difícilmente reversible. Y en ese mapa, la decisión de Eugenia no es un gesto menor: es la confirmación de que el desgaste ha llegado al núcleo más íntimo.

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