Entre el smartphone y el bordón: tecnología y tradición conviven en el Camino de Santiago

El estudio —financiado por la Cátedra Institucional del Camino de Santiago y de las Peregrinaciones de la USC, en colaboración con la Axencia de Turismo y la Catedral—, se titula 'Entre sendas y algoritmos: autenticidad digital y peregrinaciones en el Camino 2.0', analiza desde cómo se construye la autenticidad del peregrinaje en un contexto en el que conviven la experiencia presencial y la conexión digital. En conversación con ABC, Allen-Perkins sitúa esta transformación en dos momentos clave. El primero, entre 2005 y 2010, cuando Internet gana peso en la vida diaria y surgen los primeros smartphones con conexión a la red. El segundo, tras la pandemia de 2020, con una nueva «eclosión» tras la proliferación de dispositivos inteligentes —de móviles a contadores de pasos o calorías— integrados en la experiencia del Camino.

En este marco se expande también el uso de redes sociales y foros digitales, que contribuyen a construir un relato colectivo de la peregrinación. Lo que antes podía vivirse como una experiencia íntima se enfrenta ahora a nuevas expectativas. «Con el desarrollo tecnológico ya no es únicamente lo que cuentas, sino cómo lo cuentas», señala el investigador. Fotografiar, documentar y compartir se convierte así en una forma de interpretar el propio Camino y de buscar reconocimiento entre quienes también lo han recorrido.

Para describir esta nueva forma de peregrinar, Allen-Perkins introduce el concepto de «liminalidad conectada». Parte de la noción clásica de liminalidad, que entendía la peregrinación como una etapa transitoria, vivida fuera de la cotidianidad; pero hoy esa experiencia se ve atravesada por la conexión permanente: cualquier peregrino lleva un móvil y consulta aplicaciones, vídeos o foros especializados. «De ahí que muchos busquen conscientemente espacios de desconexión» como contrapunto a la hiperconectividad diaria, expone el investigador.

El trabajo enfatiza que la autenticidad «no depende de usar o no tecnología, sino de cómo» se emplea. Porque son los peregrinos los que desarrollan estrategias para regular su relación con los dispositivos y evitar que se conviertan en el centro del viaje. Allen-Perkins identifica cuatro grandes tipos de estrategias. La primera es la regulación temporal: decidir cuándo conectarse y cuándo no hacerlo, limitando el uso del móvil a determinados momentos del día. La segunda es espacial, distinguiendo entre lugares donde el uso de tecnología se considera aceptable —albergues o finales de etapa— y otros donde se evita, como tramos simbólicos o momentos de especial carga espiritual.

La tercera se basa en la negociación social, evitando pantallas durante conversaciones profundas o respetando la intimidad ajena. Y la cuarta tiene que ver con la selección de lo que se comparte posteriormente; por ejemplo, echar mano del móvil para fotografiar algún lugar o subir una publicación en redes sociales tras lograr un hito.

Todo esto, en un ecosistema digital que se vuelve cada vez más amplio. Aplicaciones de seguimiento físico, plataformas de reserva inmediata de alojamientos o guías patrimoniales... Allen-Perkins subraya el doble filo del proceso: por un lado, se facilita la planificación y el acceso a recursos; por otro, introduce riesgos de sobresaturación y mercantilización. Para ilustrarlo, señala que «hoy es posible planificar una peregrinación con meses de antelación desde cualquier parte del mundo», y esto trae cambios —incremento del turismo, desestacionalización— que están transformando el tejido local, pero que «también pueden contribuir a revitalizar» territorios históricamente deprimidos.

Manual de bolsillo

De la investigación emana además 'La autenticidad digital en el Camino. Guía didáctica para peregrinos y peregrinas', un material de transferencia distribuido entre asociaciones jacobeas. Lejos de criminalizar el uso de la tecnología, la guía propone integrarla de forma consciente y reflexiva. La conclusión del profesor es clara: para vivir una experiencia auténtica no se trata de renunciar a las herramientas digitales, sino de entender sus usos y límites.

En última instancia, el estudio plantea que, en un entorno cada vez más algorítmico, el Camino puede seguir siendo un espacio de transformación personal y espiritual. La peregrinación, recuerda Allen-Perkins, siempre ha estado atravesada por cambios tecnológicos, desde nuevas infraestructuras hasta mapas más precisos. Bordón en una mano y móvil en la otra, los caminantes seguirán buscando una experiencia íntima y reveladora, pero ligada a los códigos de su tiempo.

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