Sobre la mesa descansan ensayos que reflejan la presencia peninsular al otro lado del Atlántico, de la 'Exposición sucinta y sencilla de la provincia del Nuevo México' (1812) al 'Diario de las operaciones de la expedición contra la plaza de Panzacola' (1781). Pero también otros tesoros que desvelan lo mucho que deben los Estados Unidos a la Monarquía hispánica. «La ayuda económica y militar de España fue determinante para la independencia de los EE.UU., pero parte de ella no se reconoció por diferentes causas», señala el también escritor al calor de una chimenea prendida. Se refiere, por ejemplo, a los 11.000 soldados que Carlos III destinó al conflicto, o al dinero, las armas, los suministros y los soldados que Bernardo de Gálvez pertrechó de manera soterrada para enfrentarse a los ingleses.
Como ya tocaba reparar esta tropelía pretérita, el Capítulo de Toledo, con la colaboración de Iberdrola, Casa América y la Fundación Consejo EE.UU. y España, organizarán los próximos 20 y 21 de enero en la Casa América de Madrid 'El legado de España en Norteamérica'; un congreso que, en palabras de Garrigues, analizará también los antecedentes y las repercusiones de esas aportaciones.
Antecedentes
En palabras de Garrigues, una de las máximas que defenderán en este congreso es que los padres fundadores de los EE.UU. bebieron de fuentes españolas para elaborar el texto más importante de su país: «En la Escuela de Salamanca, de la que celebramos este año su quinto centenario, se fraguaron valores que luego aparecieron en la Declaración de Independencia». Ricardo Rivero, catedrático de Derecho Administrativo y antiguo rector de la Universidad de Salamanca, expondrá esta tesis en una de las ponencias. «No hay citas literales o invocaciones a ella, pero sí un influjo indirecto y previo a través de autores como John Locke y su crítico, Robert Filmer. La conclusión es que la formación intelectual de los personajes que forjaron el argumentario de la Declaración se sustentaba en la Escuela», señala a ABC.
«En la Escuela de Salamanca, de la que celebramos este año su quinto centenario, se fraguaron valores que luego aparecieron en la Declaración de Independencia»
Eduardo Garrigues
Las ideas plasmadas en el documento y forjadas en la Escuela de Salamanca fueron muchas, pero Rivero señala como una de sus predilectas la máxima de que todos los seres humanos nacen iguales y tienen los mismos derechos: «Fue la aportación principal de Francisco de Vitoria, el fundador de la institución. Él la formuló en relación a los indios y después fue recogida por los principales pensadores políticos». El mismo Carl Schmitt, al que este catedrático define como uno de los estudiosos de teoría política más importantes de la historia de Europa, le dedicó una infinidad de páginas en sus obras a este fraile dominico.
La otra gran idea fue el concepto de soberanía popular; una máxima fraguada en la Escuela de Salamanca por Francisco Suárez. «Él planteaba que el poder no le llegaba al rey a través de Dios, sino que el pueblo lo delegaba en el monarca en tanto y en cuanto este lo ejerciera de forma adecuada», explica Rivero. El postulado, dice el catedrático, estaba también en el documento de 1776: «Sobre él justificaron los norteamericanos su posición y se desvincularon de Inglaterra».
Deuda pendiente
Y de ahí, a los muchos saldos pendientes. Uno de ellos, según Garrigues, fue el Mississippi, columna vertebral del comercio marítimo en la región. Después de que España recibiera la Luisiana de la vecina Francia a golpe de pacto político, Carlos III pasó a controlar el puerto de Nueva Orleans y la desembocadura de este colosal río. «El monarca exigió entonces el derecho de navegación exclusivo: que fueran sus barcos los únicos que pudieran utilizarlo a nivel legal», explica. Estos movimientos diplomáticos aumentaron las ya de por sí pésimas relaciones con los colonos ingleses en la región durante la década de 1760, antes del estallido de la Guerra de la Independencia.
La ayuda prestada a los revolucionarios americanos no les ablandó el corazón. En 1785, el embajador Diego María Gardoqui insistió y quiso negociar con los ya independientes EE.UU. la exclusividad de navegación del Mississippi durante una veintena de años; a cambio, les ofreció una larga lista de privilegios comerciales. Todo fue en vano. La debacle llegó una década después, cuando los norteamericanos enviaron a Thomas Pinckney para cerrar un acuerdo con la Monarquía hispánica. «Al final, el rey les concedió la libre navegación para evitar un conflicto armado, y eso no benefició a España», señala Garrigues. Por si fuera poco, entregó a los ciudadanos de las barras y las estrellas el derecho de libre depósito en Nueva Orleans; un privilegio que les permitía almacenar mercancías en el puerto sin pasar por la aduana.
«España financió aproximadamente el 30% de los recursos externos que necesitaron las Trece Colonias para ganar su independencia»
José María Lancho
Esta es una de las deudas que EE.UU. atesora con España, pero existen otras tantas de carácter monetario que ha estudiado José María Lancho, abogado experto en tecnología y patrimonio cultural subacuático. «España financió aproximadamente el 30% de los recursos externos que necesitaron las Trece Colonias para ganar su independencia: 3.465.972 pesos fuertes documentados. Francia aportó menos del doble. Esa ayuda nunca se liquidó de forma correcta ni se devolvió», explica a ABC. Su investigación, elaborada en 2003, puso también de manifiesto que los ministros americanos en París «comunicaron deliberadamente al Congreso una cifra falsa, apenas 150.000 pesos, cuando solo John Jay, ministro plenipotenciario para España, había gestionado más de un millón». Los documentos de la época, insiste, recomendaban no pagar porque «la prueba documental era difícil de reconstruir» y por la dura crisis económica.
La deuda total, afirma Lancho, sería hoy colosal. «El derecho internacional público tal como lo ha entendido históricamente EE.UU. no reconoce la prescripción extintiva de las deudas entre estados. Si aplicamos la equivalencia de capacidad adquisitiva, la deuda española ascendería a los 364.000 millones de dólares actuales: más que las ofertas históricas de EE.UU. por Groenlandia». No plantea una reclamación financiera, pero sí una que «cuantifique el olvido y la deuda de justicia histórica para los 65 millones de hispanos» en Norteamérica.
Además, el abogado sostiene que existe otro cálculo omitido por la historiografía: el coste humano y material que la Armada española pagó por la independencia americana: «Entre 1779 y 1783, 33 buques de guerra fueron destruidos. Solo la epidemia que devastó la flota combinada hispano-francesa en el Canal de la Mancha segó cerca de 15.000 vidas en los primeros meses de campaña».