Irene de Grecia, la Princesa rebelde… y buena

Nació en Ciudad del Cabo un día de primavera de 1942 donde la Reina Federica y sus hermanos Sofía y Constantino estaban exiliados. La finca del coronel británico Jan Christian Smuts fue el primer lugar donde vivió, y al que regresaría en sucesivas ocasiones. En el bautizo su madre llegó a decir: «Me gustaría creer que la grandeza de alma será para siempre el don más preciado por mi hija menor», y así fue.

A los dos años, en la madrugada del 23 de abril de 1941, tras la ocupación alemana, toda la familia viajó de Atenas hacia Creta, desde donde huyeron hacia Alejandría y desde allí finalmente a Sudáfrica, donde la llamaban «la africana», aunque ella lo negaba diciendo que era griega. Años después afirmaría sentirse muy orgullosa de haber nacido en África.

En 1946, tras cinco años de exilio, toda la familia regresa a Grecia. Irene apenas conocía el país tal y como ella misma declaraba: «De aquel momento conservo la sensación de curiosidad y sorpresa. ¡Yo buscaba las pirámides, como en Egipto».

Su padre

Su plácida infancia se ve de nuevo alterada cuando su padre se convierte en el Rey Pablo I, tras el fallecimiento repentino del Rey Jorge. Así se lo explica su madre: «Cuando se muere el Rey, le sucede el heredero. En este caso, el heredero es papá. Esto va a cambiar su vida totalmente. Deberá trabajar mucho, viajar mucho, recibir a mucha gente. Y todo eso os va a costar a vosotros, pero también a él le va a costar…». En ese instante Irene se convertiría en Princesa.

En su juventud se pudo ver su carácter espontáneo y expansivo y dado a la reflexión filosófica, la música (llegó a ser concertista de piano) y la arqueología. Su sensibilidad y empatía por las personas humildes se manifestaba en forma de rebeldía, nunca toleró la injusticia, ni siquiera la que se aceptaba socialmente.

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La muerte de su padre tuvo lugar en marzo de 1964, así lo relataba la Princesa: «Mi madre le ponía música, y de pronto no quería música, recobraba la serenidad y decía cosas como: 'Yo no quiero ir a ninguna parte, estoy tranquilo aquí', estaba muriéndose, estaba casi describiendo cómo empezaba a vivir fuera de su cuerpo. A raíz de aquella situación, no tengo miedo a la muerte, lo que él estaba viviendo nos trasmitía serenidad y paz… su muerte confirmó mi fe, sin ninguna duda».

A muy pocos meses de asumir el trono su hermano Constantino I tuvo lugar el Golpe de los Coroneles y de nuevo toda la familia tuvo que salir del país y refugiarse en Italia: «En Roma estuvimos algunos años y fue muy duro, durísimo… porque teníamos siempre la incertidumbre de lo que podía pasar, si íbamos a poder regresar o no». No obstante, haciendo gala de su energía y vitalidad describía esa época recordando el pasaje del libro Viaje a Ítaca de Cavafis: «Si vas a emprender el viaje a Ítaca, pide que tu camino sea largo y rico en experiencias y aventuras».

Vegetariana

Se hizo vegetariana tras la muerte de su padre, la Reina Sofía dejó de comer carne también por ello. Incluso llegó a declarar: «Comemos demasiado… no necesitamos tanto sufrimiento para sobrevivir. Esos animales que estamos sobreexplotando también tienen sus relaciones, quieren y protegen a sus crías». Una visión de la vida que se afianzó en la India, país donde llegaría a vivir, de forma sencilla, con su madre la Reina Federica y donde estudió Filosofía oriental y el estudio comparado de las religiones.

Tras el fallecimiento de la Reina Federica, Irene volvió a Madrid, pero de nuevo se produjo un hecho que cambió el rumbo de su vida. Leyó en el periódico que en Alemania se estaban matando vacas lecheras porque había un importante excedente. Una noticia que le pareció una injusticia teniendo en cuenta la cantidad de niños que sufrían en la India malnutrición y por ello decide que esas vacas deben ir a la India.

Los Reyes Sofía y Juan Carlos, junto a la Princesa Irene de Grecia gtres

El Rey Juan Carlos tuvo que intervenir para ayudarla, e incluso pedir ayuda a uno de sus más fieles colaboradores y amigos, Diego Hidalgo Schnur, fundador de FRIDA, presidente de la DFC, y reconocido filántropo. El Rey le dijo: «Mi cuñada Irene, la persona con el corazón más grande que conozco, ha convertido su vida en una cruzada para enviar vacas a la India». Hidalgo e Irene consiguieron lo imposible y la Princesa viajó a India en el mismo avión con cien vacas: «Fue un momento muy satisfactorio para mí, cuando haces el bien a los demás te da alegría, satisfacción y paz» –llegaría a decir-.

Ese viaje en 1986 fue el primero de muchos hasta 1991 en el que se llevarían vacas a la India, y el comienzo de su labor humanitaria a través de su propia ONG, Mundo en Armonía, que desarrollaría un ingente trabajo solidario. La Princesa fue durante décadas una persona de enorme prestigio en este ámbito, galardonada con el Doctorado de Humanidades, y el Honoris Causa de la Universidad de Lake Forest (Illinois) o el de la Universidad de Connecticut (Storrs) en el año 2002, además de haber ostentado numerosos cargos en Fundaciones como Yehudi Manuhin o Sardoya Internacional.

Vida privada

Sobre el amor, la Princesa Irene siempre fue muy discreta, reconociendo con cierto humor no haber echado de menos tener hijos porque era demasiado revolucionaria. Por otra parte el cariño de sus sobrinos y sobrinos nietos ha sido enorme, con ellos ha compartido muchos momentos, algunos la llaman la «tía Pecu», porque la consideraban excéntrica y peculiar.

La Princesa Irene llega a la preboda de Alexia de Grecia junto al entonces Príncipe Felipe, el 15 de junio de 1999 gtres

Su discreción no se debía a timidez sino a su sentido de la responsabilidad, evitando en todo momento que su notoriedad pudiera perjudicar a su hermana. Era frecuente que apenas saliera en las fotos. Ha sido en todo momento una perfecta hermana de la Reina Sofía.

A pesar de ser hija, hermana y tía de Reyes, su humildad ha sido siempre innegable: «Pertenezco a una familia de Reyes, como el que pertenece a una familia de músicos… Yo soy princesa, pero eso no me impide limpiar un baño… la vocación de realeza se encuentra en muchas personas que no tienen ese origen, pero no importa, lo que realmente importa en su calidad como personas» -llegaría a decir en su biografía-, donde no consintió que se titulara el libro como 'La Princesa humilde' (sugerencia que se le hizo), indicando que con todos los privilegios que había tenido no se podía decir humilde, pero sí rebelde, porque en su ámbito siempre lo había sido.

Los últimos años de su vida, hasta ser diagnosticada con la enfermedad por la que ha fallecido este jueves, los dedicó a lo que siempre fue su propósito, la solidaridad: «Me veo en el futuro haciendo lo que puedo, trabajando hasta que pueda y después… no se…meditando. Yo tengo un proyecto que es hacer lo que pueda por los demás», me dijo en una ocasión, esbozando una amplia sonrisa, sin perder ese ímpetu, casi juvenil que siempre tuvo.

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