En las imágenes difundidas por la televisión estatal, se observaban pequeños féretros cubiertos por banderas cubanas, custodiados y trasladados por una guardia de honor. El régimen ha calificado a los militares como «combatientes cubanos caídos en el cumplimiento del deber». En los medios de propaganda predomina el calificativo de «héroes».
«No los recibimos con resignación, lo hacemos con profundo orgullo y eterno compromiso porque la muerte no derrota a quienes caen con un fusil en la mano defendiendo una causa justa», dijo en su alocución el ministro del Interior, el general de Cuerpo del Ejército Lázaro Alberto Álvarez Casas.
Mediante un cortejo fúnebre, se trasladaron los restos hacia la sede del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Minfar) en la capital, donde continuaron los homenajes con los familiares y la población, mientras opositores y periodistas independientes permanecían rodeados por patrullas policiales y la Seguridad del Estado.
Durante dos días, el régimen ha promovido homenajes y «actos de reafirmación revolucionaria» en todos los municipios y provincias del país. Para este viernes han convocado igualmente a sus partidarios a la llamada «tribuna antimperialista», en La Habana, frente a la Embajada de Estados Unidos.
La jornada estuvo marcada por cortes de electricidad en alrededor del 60% del territorio nacional, lo que expone la cada vez más crítica situación energética en la Isla y que debe empeorar en las próximas semanas al faltar el petróleo venezolano.
«Al matadero»
Por vez primera desde el 3 de enero, el régimen reconoció que militares cubanos resultaron heridos durante la operación de Estados Unidos en Venezuela. La confirmación se produjo en la noche del miércoles tras la llegada a La Habana de un grupo de militares lesionados, trasladados en un vuelo oficial y recibidos en el aeropuerto por altos cargos del Partido Comunista, las FAR y el Ministerio del Interior.
Aunque no detallaron el número ni sus funciones exactas o el tipo de heridas, las imágenes difundidas por la televisión estatal mostraron a una veintena de los heridos en sillas de ruedas o con dificultades para caminar.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, en su versión oficial, se refirió a ellos como «colaboradores». La narrativa se centra en la condena a Estados Unidos, pero obvia el alcance real de la presencia militar cubana en Venezuela.
Dispositivo de seguridad de Maduro
Los militares formaban parte del dispositivo de seguridad más cercano a Maduro en Caracas. Algunos de ellos eran los Avispas Negras, las tropas especiales de las fuerzas armadas de Cuba que han participado en la isla en los más feroces actos represivos de la dictadura.
El régimen no ha declarado si retirará o reducirá sus tropas de Venezuela, efectivos que los expertos estiman en alrededor de 20.000. La nula trasparencia al respecto ha sido el patrón durante décadas, en las que el régimen ha negado la presencia militar cubana en ese país. De hecho, solo ha reconocido la muerte de los 32 cubanos cuando era ya un escándalo internacional.
Con respecto a los miles de médicos que prestan servicios en esa nación, las autoridades solo han afirmado que se mantendrán en sus puestos.
Desde el 3 de enero, el régimen ha sostenido la retórica belicista y de confrontación con Washington, desarrollando incluso ejercicios y movilizaciones militares. Todo ello pese a que, según el ex alto oficial de la Inteligencia cubana Enrique García, las tropas del país -con sus manuales y tecnologías obsoletas- no tendrían oportunidad alguna frente a las unidades especiales de Estados Unidos, algo que quedó demostrado en Venezuela. García sostiene igualmente que es el alto mando militar el culpable de esas muertes al no retirarlos a tiempo.
García afirmó sentir pena por cómo los sacrificaron de manera «tan consciente»: «Esto es un acto de traición del régimen cubano porque no había que ser un genio, solo un buen profesional, para predecir la magnitud de ese ataque». Por ello, sentenció tajante: «Los mandaron al matadero».