En el ambiente se percibe el éxtasis, ese estado de unión mística con Dios que suspende los sentidos. Algunos lo viven con la mirada fija en la forma sobre la que convergen todos los focos del pabellón; otros, con los ojos cerrados, en una plegaria silenciosa. Muchos, la mayoría, permanecen arrodillados: unos con los brazos elevados hacia el cielo, otros con las manos recogidas en el gesto tradicional de oración.
«Yo sé que el Señor está aquí presente», explica a ABC uno de los fieles, en un resumen sencillo de la creencia católica en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Según los organizadores, «es la primera vez que el Santísimo Sacramento se expone en España en un espacio de estas dimensiones».
El éxtasis, en un sentido más terrenal, había comenzado a las siete de la tarde con la actuación de Hillsong España, la versión hispana de la banda australiana Hillsong Worship, una de las más conocidas del mundo en el ámbito de la música cristiana contemporánea. Veinte minutos de exaltación emocional, con un claro acento carismático, brazos en alto y cantos de alabanza. «¡Formemos una ola de adoración!», anima el cantante a los presentes. «¿Por qué no le mandas tus manos al Señor? ¡Él es poderoso y ha hecho grandes prodigios!», continúa.
Gracias a la proyección de las letras en la pantalla gigante, el Movistar Arena se transforma en un gigantesco karaoke que reafirma, a través de la música, la fe compartida. Un espectáculo poco habitual en la Iglesia católica, y mucho menos en la española, que invita a preguntarse qué capítulos de la nueva evangelización nos hemos perdido para haber llegado hasta aquí.
Conversión tatuada
Tras la actuación, uno de los primeros testimonios llega de la mano del creador digital René ZZ, quien comparte su experiencia personal de conversión. Relata cómo pasó de «predicar» el mundo de los tatuajes —que le cubren prácticamente todo el cuerpo salvo la cabeza— a convertirse en un cristiano convencido. Como «prueba de que Dios existe», narra una vivencia fechada el 25 de marzo de 2021: «Soñé que Dios me amaba. No había nada más en ese sueño, solo el amor de Dios, tan fuerte que me inundaba por dentro. Sentía un bienestar que no podía comprender». Le siguen otros testimonios de 'influencers' católicos como Casilda Finat o Quique Mira y María Lorenzo, de Aute.
Tras ellos interviene Nicky Gumbel, acompañado de su mujer, Pippa Gumbel, pioneros del movimiento Alpha, nacido en el ámbito anglicano británico y convertido en una de las herramientas de evangelización más extendidas en el mundo, que combina la teología con la conversación distendida, incluso alrededor de una pinta de cerveza.
El youtuber René ZZ pasó de predicar en el mundo de los tatuajes a convertirse en un cristiano convencido
«El origen de 'Llamados' no está en una oficina de marketing ni en una estrategia de impacto mediático, sino en una experiencia pastoral concreta, casi doméstica». Así lo explica en conversación con ABC el sacerdote José María Sánchez de Lamadrid, párroco de Santo Domingo de la Calzada, en Algete, impulsor del encuentro junto a Alpha España y con el respaldo de la diócesis de Alcalá de Henares.
«En 2013 comenzamos un proceso profundo de renovación pastoral en la parroquia», recuerda. «Había una inquietud muy clara: el sufrimiento humano. Veíamos que mucha gente, ante el dolor, se estaba yendo a la New Age, al esoterismo, a respuestas que no terminaban de saciar. Y nosotros teníamos una convicción: ante el sufrimiento, tenemos a Jesús». De esa intuición nacieron las primeras experiencias de oración y evangelización, inspiradas en Alpha. Primero fue una semana intensiva y, con el tiempo, una adoración mensual, los primeros lunes de cada mes.
El resultado sorprendió incluso a los propios organizadores. «La iglesia empezó a llenarse una hora antes. Venían 700 u 800 personas, y en línea se conectaban otras 1.000 o 2.000», señala Sánchez de Lamadrid. «Nos sigue gente de fuera de España, incluso personas de México que han pasado por aquí solo para saludarnos». El paso de una iglesia abarrotada a un recinto con capacidad para seis mil asistentes fue casi inevitable. «Llegó un momento en que la parroquia se nos quedaba pequeña», reconoce.
Llamados hacia 2033
Así nació la idea del Movistar Arena, una decisión que, admite el sacerdote, estaba muy por encima de sus capacidades. «Nos hemos tirado a la piscina. No haces algo con fe hasta que haces algo que está más allá de lo que puedes controlar. Si todo está bajo tu control, Dios no se luce», afirma con una sonrisa. «No teníamos ni tiempo, ni dinero, ni medios. Y, sin embargo, se han ido cubriendo las necesidades». De hecho, el evento ha colgado el cartel de todo vendido. El acceso se realizaba mediante entrada y, según subraya Sánchez de Lamadrid, «todo lo recaudado se ha destinado a cubrir los gastos».
Y parecen haberlo conseguido. Poco ya de noche cerrada, sin guitarras ni aplausos finales, el Movistar Arena cerraba sus puertas con una imagen inusual: miles de personas saliendo en silencio tras haber asistido, simplemente, a adorar.