Los otros detalles del clásico: gestos, tensión, abrazos y una ridícula caída que pasaron desapercibidos en la final de la Supercopa

En lo que al juego se refiere, el choque tuvo infinidad de aristas, de sobra analizadas tras el pitido final de Munuera Montero. Pero hubo mucho más, como no puede ser de otra forma en una cara a cara entre los dos grandes del fútbol español, rivales eternos dentro del terreno de juego y peleados fuera a cuenta del caso Negreira.

Uno de los más llamativos fue precisamente la difícil convivencia de los presidentes de ambos finalistas en el palco. Educados pero fríos y muy alejados el uno del otro. Joan Laporta, mandamás azulgrana, que antes del encuentro aseguró a la prensa que las relaciones estaban rotas, reconoció tras el encuentro que Florentino Pérez le había felicitado por el título, asegurando que él habría hecho lo mismo de haber caído en Yeda.

Florentino Pérez, con gesto serio, felicita a Laporta en el podio en presencia de Louzán, presidente de la RFEF X

Ambos cumplieron así el mínimo de educación que se espera de cualquier dirigente, pero cada vez que ambos aparecieron en las imágenes de televisión transmitieron una frialdad absoluta, evitando cruzar las miradas incluso estando hombro con hombro en el escenario montado para la entrega de medallas. Una rigidez que contrastó con los abrazos que Florentino dedicó al entrenador azulgrana, Hansi Flick, antes de que este recogiera su medalla de campeón.

Gestos azulgranas a una zona de la grada

Algunos de los protagonistas sobre el terreno de juego deberían tomar nota de ese mínimo de educación demostrado por sus jefes, pues su comportamiento no fue el más adecuado al acabar la final. Destacaron sobre todo dos, ambos vestidos de azulgrana, que no supieron gestionar bien el triunfo.

El primero de ellos, cazado por las cámaras de Movistar+ fue Fermín. Durante la celebración el canterano del Barça dedicó unas censurables palabras a un sector de la grada que llenaba el estadio. «¡Toma! ¡A chupar, chupa, a tu casa!», gritó con rabia el centrocampista, mientras festejaba abrazado a Lamine Yamal y Casadó.

Antes de ese momento, justo cuando el árbitro señaló el final del encuentro certificando el título del Barça, mientras la gran mayoría de futbolistas azulgranas seguían fundidos en una piña, Pau Cubarsí fue cazado dedicando cortes de manga al público. En su caso las imágenes tardaron un poco más en llegar a las redes sociales, pero igualmente se hicieron virales generando bastantes críticas.

No hubo pasillo del Real Madrid

Tampoco gustó demasiado la actitud de Kylian Mbappé durante la ceremonia de premios. Una vez que los jugadores del Barcelona hicieron el pasillo a los subcampeones en su camino al podio, la gran estrella del Real Madrid, que solo pudo jugar los últimos 15 minutos de la final, pidió a sus compañeros, visiblemente enfadado, que se retiraran del lugar.

Se desconoce el motivo, si bien algunas fuentes hablan de una petición a los futbolistas del Real Madrid para que salieran del tiro de las cámaras de televisión, pero el caso es que los blancos hicieron caso al francés y no hubo pasillo al campeón. Eso sí, los jugadores de Xabi Alonso se quedaron cerca del acceso al túnel de vestuarios siguiendo la entrega de medallas a los campeones de la Supercopa de España 2026.

Deportividad

Contrasta esta forma de actuar de Kylian con lo que hicieron otros futbolistas blancos como Raúl Asencio, que tras el partido y pese a sus intensos duelos con los atacantes del Barcelona no tuvo reparo alguno en acercarse uno por uno a felicitar a todos sus rivales, o Carvajal y Vinicius, que una vez concluido el choque quisieron arropar al barcelonista Araujo tras su regreso a los terrenos de juego.

«Bien, amigo, bien. Mejor, mejor» se pudo leer la respuesta al interés del capitán del Real Madrid en los labios del uruguayo en algunas imágenes de televisión que captaron la conversación entre ambos.

Finalmente, más allá de los gestos de rivalidad, revancha y deportividad, se produjo otra escena curiosa al acabar la final. La protagonizó el madridista Arda Güler nada más pitar el final del partido Munuera Montero.

Enfadado por la derrota y por cómo acabó el choque, con Pedri pisando la pelota, el turco quiso patear una botella que había en su camino, con tan mala suerte que su puntapié desembocó en un resbalón que acabó con sus huesos en el suelo. Avergonzado quizás por la ridícula situación, el centrocampista blanco enfiló acto seguido el camino hacia el vestuario.

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