Pilar Alegría ha mentido con desparpajo asegurando que la rebaja de penas a los etarras también la hizo Rajoy, y que tenía el visto bueno del Consejo de Estado; que la UCO descartaba irregularidades en el caso de Begoña Gómez; ha llamado pazguatos a los periodistas en una rueda de prensa, y ha descolgado el teléfono ministerial de la portavoz del Gobierno para pedir al director de un medio que no publicara nada de Begoña Gómez, aunque fuera verdad, amén de convertir las ruedas de prensa en mítines contra la oposición, por lo que ha sido apercibida en varias ocasiones. Diana Morant, que se transformó en fiscal acusador contra Mazón por su discutible gestión en la dana, demostrando el amor a su tierra valenciana, luego, cuando se nombró al general Pampols consejero para socorrer y coordinar la ayuda a las víctimas, su valencianismo fue enterrado miserablemente, y no respondió ni a una sola de sus llamadas, poniéndose a la altura de su acusado preferido, el expresidente Mazón. Óscar López acusó falsamente a un exagente de la UCO de que maquinaba asesinar a Pedro I, El Mentiroso, o aseguró la falsedad de que en la encuesta encargada por un diario nacional Vox adelantaba al PP.
Sin embargo, la gran reina de las mentiras es sin duda María Jesús Montero, que se defiende de las trolas que lanza con el cabreo característico de los niños mandarines, asombrada de que sus mentiras no sean tomadas como verdades, siendo ella quien las defiende, aunque sea ofendiendo la inteligencia y el raciocinio de los españoles sobre la injusta y desigual financiación autonómica, que no tiene otro objeto que contentar a los separatistas catalanes y que Pedro I, El Mentiroso, siga en La Moncloa.
Ellos, muy pronto, dejarán de ser ministros para pasar a encabezar la oposición de sus autonomías, a las que les ha enviado su señorito para que se sacrifiquen. Pero esa es una lealtad equivocada, porque traicionan a su partido, ayudan al desastre del PSOE, y, después, cuando se produzca, serán señalados, justamente, como los cómplices necesarios para un destrozo histórico, donde un Gobierno que tiene el deber de defender a los ciudadanos españoles se puso a defender los intereses personales y familiares de su presidente.
No se les recordará por su incondicional devoción a un personaje que será siempre mencionado por sus mentiras, su egolatría y su soberbia, sino por abjurar de los valores de la socialdemocracia y haber sido agentes importantes y necesarios de su hundimiento. La socialdemocracia fue fundamental en Europa, durante los últimos 70 años, pero la rosa se marchita y, en España, se añade la sequedad de una equivocada lealtad.