Joan Font, un 'mochilero' en el desierto: «Yo no puedo pagar los 350.000 euros que vale correr el Dakar»

Pese a contar con una trayectoria de más de 25 años en los rallies, desde su debut en el Dakar en 2016, Font ha tenido que superar en cada edición una auténtica odisea para poder estar en la parrilla: «Aquí no hay contratos de seis años», apunta, a diferencia de la mayoría de deportes convencionales. Recientemente ha decidido abandonar el rol más protagonista para ser tercer piloto, «mochilero», es decir, «de los que ayudan a los que ganan a los de delante», según lo define. Una función que exige sacrificio para el éxito ajeno: «El año pasado éramos 60 buggies T3 y quedé el 32. Pero claro, estuve más horas parado, dando ruedas y esperando al camión... Mi resultado deportivo es como el de un gregario en ciclismo», indica.

«Arabia Saudí busca quitarse la mala fama que tenía y demostrar que podemos colaborar»

Joan Font

Piloto de coche

En este Dakar, que afronta con 53 años, Font compite en la categoría Challenger con el equipo español BE Racing (actualmente 25º en la general) y forma parte, como tercer piloto, de un proyecto singular: el Saudi Next Gen. En él, su tarea consiste en asistir a dos jóvenes promesas del motor del país árabe: Hamza Bakhashab (21 años) y Abdullah Alshegawi (27). La Federación Saudí no se conforma con ser anfitriona de la competición y busca aumentar su influencia dentro de ella. Porque, según el catalán, además del escaparate internacional que supone acoger el Dakar, las intenciones del país van más allá: «Buscan que el mundo empiece a pensar que entre todos podemos colaborar y que son gente que quiere estar en el deporte, quitarse esa mala fama que tenían. La primera vez que vine aquí me decían que no podía reír por la calle, que no podía llevar pantalón corto... Y al final son gente muy normal, amable».

No fue hasta sus 40 que dio el salto a los raids y, con 43, al Dakar: «Hacía muchas carreras, pero veía el Dakar por televisión y decía: 'ostras, esto es interesante'. Todo el mundo me avisó de que costaba mucho dinero, y es algo que realmente me ha sorprendido», revela. Sin embargo, decidió perseguir el que se había convertido en su gran objetivo. Se compró un Nissan Navara de ocasión, y, con una pala de acompañante, fue a entrenarse por primera vez a unas dunas, en Marruecos. «Toda la arena que había visto era la de la playa de S'Agaró (Costa Brava) y lo pasé muy mal. Todo el día me quedaba encallado, no tenía ni idea. Pero seguí y llegué preparado al Campeonato de España de raids. Luego gané en mi categoría en la Baja Aragón y finalmente pude ir al Dakar», cuenta.

Joan Font, de joven, en su Seat Marbella cedida

Font ha ido sorteando obstáculos desde sus inicios, que «no fueron fáciles», pues su interés por el motor no viene, como suele ser habitual, de una tradición familiar. «Vengo de una familia muy trabajadora, conservadora, y cuando dije que no quería estudiar sino dedicarme a esto les di una terrible decepción. En la comarca de la que soy (Osona) hay una cultura del motor muy bestia y el primer coche que me compré, con 18 años, ya era de carreras, un Seat Marbella. Mis padres no me lo prohibieron, pero nunca me ayudaron y normalmente no me acompañan a las carreras«, explica Font. De todos modos, para él su experiencia no dista tanto de la de un estudiante en la facultad: «Para mí esto ha sido como si estudiara una carrera de estas superdifíciles, porque en este deporte tienes que usar mucho el cerebro primero para conseguir el dinero y luego continuidad: no son los pilotos más rápidos los que aguantan más años», comenta. Ahora, tras más de 30 años de trayectoria profesional, se considera todo un afortunado: «Me voy haciendo mayor, pero los equipos siguen confiando en nosotros. Tener siempre un asiento en el Dakar siempre cuando eres como yo, que no es que tenga dinero, genera mucha felicidad», reflexiona.

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