La organización ha confirmado el traslado definitivo a la Costa del Sol tras haberse vuelto una presencia incómoda, prácticamente 'non grata', para gran parte de los vecinos y empresarios de sus anteriores ubicaciones, donde las quejas por el ruido, la suciedad y la falta de infraestructuras habían lastrado irreparablemente la imagen del evento.
Bajo la renovada marca Dreambeach Costa del Sol, el festival iniciará su nueva etapa los próximos 31 de julio y 1 de agosto de 2026 en el Recinto Ferial Avenida Juan Carlos I de Vélez-Málaga. Este movimiento estratégico permite a la promotora encontrar en la capital de la Axarquía la estabilidad y el entorno organizativo necesarios para profesionalizar el proyecto, dejando atrás las complejidades logísticas que condicionaron su desarrollo durante la última década en el Levante almeriense.
Crónica de una huida anunciada
La decisión de abandonar Almería no responde únicamente a una estrategia de expansión comercial, sino a la necesidad urgente de escapar de un modelo que había disminuido en audiencia y que generaba un profundo rechazo social.
Las cifras de su última edición son el reflejo de este declive: el festival sufrió un duro revés al pasar de los 120.000 asistentes de 2024 a los 90.000 de 2025 en su ubicación de El Toyo-Retamar. Una pérdida de 30.000 fieles en solo un año que evidenció el agotamiento del formato en dicho territorio y la incapacidad de retener al público en un entorno cada vez más hostil.
Sin embargo, el divorcio entre el festival y su entorno se fraguó mucho antes, durante su larga estancia en las pedanías de Villaricos y Palomares, pertenecientes al municipio de Cuevas del Almanzora. Allí, la convivencia con los dreamers, como se autodenominan los asistentes, se volvió insostenible.
Los residentes de las urbanizaciones de lujo de Vera y el entorno de Villaricos denunciaron reiteradamente una situación inviable: tenían que recurrir a tapones no solo para poder dormir, sino para poder soportar el día a día, ya que la música electrónica no cesaba durante cuatro jornadas consecutivas, alterando gravemente el descanso y la vida cotidiana de miles de familias.
Las quejas vecinales en Almería no se limitaban a la contaminación acústica. La suciedad generada por el macroevento fue otro de los grandes detonantes de su estatus de 'non grato'. La acumulación de basura que los asistentes dejaban en playas como la de Quitapellejos y en los entornos de acampada generaba una imagen lamentable que espantaba al turismo de calidad y obligaba a un esfuerzo extra de limpieza una vez que se apagaban los altavoces.
El festival ha perdido más de 30.000 asistentes en un año
Otro de los estigmas más pesados que arrastró el festival en su etapa almeriense fue la inseguridad vinculada al consumo de estupefacientes, que obligaba cada verano a un despliegue «descomunal» de la Guardia Civil por tierra, mar y aire. El operativo, que incluía unidades de élite, drones y perros detectores, tenía que hacer frente a unas cifras alarmantes en seguridad vial, llegando a batir récords de positivos en controles de alcoholemia y drogas en las carreteras de acceso.
Esta presión constante, sumada a la imagen de descontrol en los aledaños del recinto, fue determinante para el desgaste de la marca en el Levante almeriense, un lastre que ahora se pretende soltar con el nuevo modelo profesionalizado en el recinto ferial de Vélez-Málaga.
Incluso el intento desesperado de mudar el festival a la capital almeriense en 2024, ubicándolo en la zona residencial de El Toyo-Retamar, nació con polémica y rechazo. Los vecinos de esta área se alzaron en protestas al ver amenazada su tranquilidad estival, confirmando que el evento se había convertido en un problema itinerante de convivencia dentro de la provincia vecina, incapaz de encontrar un lugar donde no fuera visto como una agresión al bienestar local.
Dos jornadas de máxima calidad
Tras las limitaciones logísticas que complicaron la última etapa, Vélez-Málaga se erige como el escenario ideal para la evolución del Dreambeach. La elección del Recinto Ferial de la Avenida Juan Carlos I, situado estratégicamente junto al centro comercial El Ingenio, garantiza un entorno urbano dotado de infraestructuras consolidadas, accesos fluidos y una capacidad de gestión contrastada.
La Costa del Sol ofrece así un salto de calidad, pasando de la provisionalidad de los espacios naturales a un recinto acondicionado que asegura la viabilidad y el confort en esta nueva era del festival.
La organización ha tomado nota de los errores del pasado que le costaron el rechazo de Almería y ha planteado un formato radicalmente distinto para su estreno malagueño. Se acabaron las maratones de cuatro días que soliviantaban a los residentes y colapsaban las carreteras comarcales: la edición de 2026 se concentrará en dos únicas jornadas de máxima calidad.
El objetivo declarado es priorizar «la comodidad de los dreamers», invirtiendo en «estructuras espectaculares» y cuatro escenarios independientes que permitan disfrutar de la música sin el caos logístico y las molestias vecinales que caracterizó su etapa anterior.
A pesar de su salida por la puerta de atrás de Almería, el Dreambeach sigue siendo una marca potente capaz de movilizar a miles de personas. En su última edición almeriense, y pese a la caída de público, generó un impacto económico estimado de 12 millones de euros.
Vélez-Málaga aspira ahora a capitalizar ese flujo de visitantes y riqueza, pero bajo un modelo ordenado que beneficie a la hostelería y el comercio local sin sacrificar el bienestar de los vecinos, integrando el evento en un recinto ferial diseñado para grandes acontecimientos y no en zonas residenciales o protegidas.
El cartel, que se desvelará en las próximas semanas, promete mantener el nivel de estrellas internacionales que han pasado por sus escenarios en el pasado, como Will Smith, Steve Aoki, David Guetta o Nathy Peluso.
Con este movimiento, la promotora Producciones Toro, responsable también del exitoso Weekend Beach en Torre del Mar, consolida su dominio en la Costa del Sol y cierra una etapa de conflictos, basura y ruido en Almería para abrir una nueva era de profesionalidad y convivencia en Málaga. Vélez-Málaga blinda la continuidad de un referente musical que necesitaba un cambio de rumbo y estabilidad tras el desgaste sufrido en su anterior ubicación.