James Cameron, el 'artesano' que lucha contra la IA y quiere salvar la taquilla

Imagen principal - Tres escenas de la película de James Cameron
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Avatar Tres escenas de la película de James Cameron ABC

En 'Avatar: Fuego y ceniza', que llega a los cines este viernes, la actriz vuelve al cuerpo de Kiri, una na'vi adolescente con una conexión especial con Eywa, la conciencia colectiva, deidad y fuerza vital de Pandora. La fe es tan constante como la presencia de Weaver en la franquicia, aunque en esta tercera película se aborda el descreimiento, el odio, el rencor, después de que un volcán arrasara el hogar del clan Mangkwan, liderado por Varang, a quien da vida la española Oona Chaplin. «Nunca la vi como villana. Siempre la vi como una líder de su pueblo que ha pasado un momento muy difícil con el trauma de ese volcán. Y para mí el dolor y el luto que siente está en la raíz de toda su ira y su furia», admite a ABC la nieta de Charles Chaplin. El duelo, por los que no están, por lo que se ha perdido, es precisamente la espina dorsal que agita a los personajes de este planeta, aunque quien los mueve, quien les da vida, son los actores que los interpretan.

James Cameron alumbró 'Avatar' en 2009, cuando el 3D todavía estaba en pañales. En 2022, el último gran mago del cine fue el primero en grabar a gente interpretando dentro del agua. Siempre a la vanguardia de la tecnología, el cineasta vuelve a utilizar los últimos avances para recrear y trasladar el trabajo de los actores a sus homólogos creados por ordenador, cubriéndolos de marcadores en el cuerpo y dos cámaras de alta definición en la cabeza que permiten capturar la totalidad de su actuación en el mundo digital. «Las películas de Avatar no están hechas por ordenadores», afirma el director. Tampoco son, como dice el mito, películas animadas.

«No hay tecnología en lo que hacemos. Esto es solo actuación pura y exploración. Y lo que le sucede después no tiene nada que ver con la IA. Cameron no es un gran fan de la inteligencia artificial»

Sigourney Weaver

Actriz

Para 'El sentido del agua' y 'Fuego y ceniza' estuvieron trabajando en la captura de movimientos durante dieciocho meses. Los actores (Sam Worthington, Zoe Saldaña, Weaver, Stephen Lang, Kate Winslet…) llevan un traje y una máscara con puntos, y cientos de cámaras infrarrojas capturan sus movimientos. Todo lo que hace el reparto, lo que dicen, lo que sienten, cómo miran, cómo respiran… se traduce al sistema mediante esos puntos. Todo es real. La tecnología al servicio del arte, del proceso íntimo y artesanal de la interpretación.

«Es la parte más sagrada del proceso, en cierto modo. Y utilizo ese término de forma muy intencionada, porque hay algo muy puro», reflexiona James Cameron. Una pureza que Oona Chaplin encuentra en actuar sin artificios, como si estuviera «en un teatro pobre», algo que permite volcar el corazón en cada escena. «Lo sueltas y va volando. Y de repente lo ves y sientes la electricidad, el alma, el espíritu del momento tal y como lo recuerdas». Eso, dice la actriz que da vida a Varang, «es lo más importante de Avatar, algo que no se puede crear con instrumentos tecnológicos».

Coincide Sigourney Weaver, veterana de Hollywood que ya conocía a James Cameron desde 'Alien'. «No hay tecnología en lo que hacemos. Esto es solo actuación pura y exploración. Y lo que le sucede después no tiene nada que ver con la IA. Jim no es un gran fan de la inteligencia artificial. No creo que muchos de nosotros lo seamos. Él simplemente se preocupa por juntar las mejores tomas, pero lo hace mucho más tarde. Nuestro proceso es crudo y muy emocionante», explica a ABC.

Hitos de la taquilla

En los cambios de ciclos se repite siempre que los revolucionarios de hoy son los reaccionarios de mañana. Como todas las revoluciones, la de James Cameron se vio siempre con sospecha, por la amenaza de lo digital, de que los efectos visuales acabaran con el trabajo mecánico, con el arte. Trece años después de revolucionar el cine, como ya hizo antes con 'Terminator' y con 'Titanic', James Cameron se autoerige como el guardián del trabajo tradicional, el baluarte de la esencia de la interpretación, del alma que hace que el cine viva. En las salas o en Pandora. Y el cine vive, o espera vivir, con él mucho tiempo. 'Avatar' es todavía la película más taquillera de la historia, con más de 2.800 millones de dólares recaudados en taquilla a nivel mundial, superando a 'Titanic', también del director, que mantuvo ese récord durante 12 años. 'Avatar: El sentido del agua' recaudó en 2022 más de 2.300 millones de dólares en todo el mundo, algo solo superado por el filme más exitoso de Marvel: 'Avengers: Endgame'. Si la taquilla acompaña a 'Avatar: Fuego y ceniza', Cameron sueña con convertir la aventura de estos seres de dos metros en una pentalogía y continuar visitando Pandora a través del proyector al menos dos veces más. El futuro de 'Avatar', tan rentable como costoso, depende de los números, pero también del director, que afirmó que 'Avatar' será con él o no será. Igual que el cine, que dependerá del siguiente truco que los magos se saquen de la chistera.

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