Reyes Pro: «A mí me han preguntado en la Plaza Nueva dónde estaba la calle Tetuán y no fue un extranjero sino un joven de Sevilla»

-¿No cree que el silencio que se respira en los conventos es mucho más atractivo ahora que hay tanto ruido por todas partes?

-En la vida actual nos falta silencio, el silencio de uno para poder reflexionar. Si no pensamos, no somos personas. Y muchas veces nos dejamos llevar por el ruido, la prisa, el ajetreo, por lo superficial, en lugar de pensar en nosotros mismos.

-Y el ruido no deja de crecer con las redes sociales...

-Sí, porque hay gente que vive nada más que en el mundo virtual. Cuando vas a un ver una cofradía por la calle, tú lo primero que ves es una banda de móviles. Absolutamente. Y yo siempre pienso lo mismo, están grabando pero no están viviendo ese momento único. ¿Y cuándo van a ver esas fotos o esos vídeos? Todos conocemos algunos fotógrafos profesionales maravillosos a los que les podemos pedir la foto, como se ha hecho toda la vida, y vivir ese momento. Vivimos para la apariencia. Y esto me preocupa mucho más en los jóvenes, ese culto a la apariencia y a la imagen. Y en la poca reflexión, porque ¿cuántas palabras caben en un tuit?

-Esto es curioso porque de Sevilla se ha dicho que es la ciudad de las apariencias.

-Yo no diría yo tanto de la apariencia. Yo me quedo con la definición de Unamuno del sevillano: fino y frío.

-Los de fuera nos tachan de graciosos...

-Sí, eso me ha pasado en Madrid, en el Ministerio, cuando iba allí a hacer cursos. ¡Por favor! Esto es absurdo. El sevillano siempre ha sido una persona muy reflexiva y con el sentido de la proporción y la medida, aunque yo veo que desgraciadamente cada vez tenemos menos. Esa medida de un paso de palio, que es exactamente la medida del de la calle, de la ciudad, de esa proporción en cualquier elemento de nuestra vida.

-¿Qué más cosas estamos perdiendo?

-Pues hasta el conocimiento de la propia ciudad. Ya la gente no sabe callejear. A mí me han llegado a preguntar en la Plaza Nueva por la calle Tetuán. Pero no un extranjero sino un joven de aquí. Que un extranjero moje un calentito en un vermú en un bar muy famoso de Sevilla es curiosísimo. Pero son extranjeros y no saben, evidentemente. Pero que una persona que sea joven, que sea de Sevilla, esté en la Plaza Nueva y no sabe cuál es la calle Tetuán, eso ya me parece muy fuerte.

-Si no existieran los navegadores ni los móviles...

-Pues no deberíamos confiar tanto en los navegadores. He trabajado con la Policía y puedo decir que ha habido accidentes -y accidentes mortales- por confiar ciegamente en ellos. Parece mentira pero hay quien se ha tirado con el coche por un barranco porque el navegador le indicaba que era por ahí. ¿Entonces qué pasa, que no pensamos?

-Con el uso de la tecnología también hemos perdido el sentido de la medida...

-La tecnología es que es un instrumento. Como decía alguien, yo no le tengo miedo a la inteligencia artificial, le tengo miedo a la pérdida de la inteligencia natural. A mí eso sí que me da miedo. Porque parece que ya confiamos tanto en las herramientas que no vemos otra cosa más allá del instrumento que estamos utilizando, que son fantásticos, que nos pueden facilitar muchísimo las cosas, pero no pueden sustituir al cerebro. Sería terrorífico si eso ocurriera.

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