Costas estaba obligada a realizar un deslinde porque una pequeña porción debe incluirse en el dominio público marítimo-terrestre por su influencia y condición natural. Pero ha ampliado esa afección hasta sumar unos 118.772 metros de marismas, de los términos municipales de Hinojos y Almonte (Huelva) y de Aznalcázar (Sevilla).
El organismo dependiente del Gobierno nacional toma esta decisión en virtud a dos informes novedosos que contradicen todas las evidencias científicas e históricas, de ahí el rechazo de todos los integrantes del Consejo de Participación. El gran problema es que la resolución supone una «amenaza» a un enclave único como Doñana.
La organización ecologista WWF ya ha enviado cartas a la Unesco, la Secretaría del Convenio de Ramsar y a la Comisión Europea para pedirles colaboración y así «revertir esta decisión equivocada del Gobierno español que supone una amenaza para conservación de Doñana».
Es un error técnico que tendría su repercusión drástica en el plano administrativo y que aún no ha llegado a la batalla política. Juanjo Carmona, coordinador de la Oficina de Doñana de WWF, señala indignado que ese «fallo técnico» es la base de un deslinde desastroso que alteraría todo el ecosistema. Costas incluye en sus nuevos dominios «bienes naturalmente inundables, cuya inundación por efecto de las mareas haya sido impedida por medios artificiales, tales como muros, terraplenes, compuertas u otros sistemas semejantes». Y aquí se erige el 'quid' de la cuestión: la conocida como «Montaña del Río».
Esta especie de malecón, de barrera, en parte natural (como defienden ecologistas) y en parte artificial (a lo que se aferra Costas) ha sido clave en la configuración de Doñana. Pues ha impedido el paso del agua del mar a la marisma, confeccionando una marisma de agua dulce (pluvio-fluvial) y no salada, y generando un ecosistema propio y diferente, incidiendo en su flora y fauna.
Deslinde: choque en Doñana
«Podemos debatir si la mano del hombre ha tenido mayor o menor influencia, y reconocer que su origen, de hace varios siglos, es mareal por los sedimentos que se han estudiado, pero es que ese informe dice que la montaña de río no existe. Ello va contra toda la historia, toda la literatura científica, todos los estudios y hasta con la documentación de hace cuatro siglos de la casa de Medina Sidonia que gobernaba aquellas tierras», apunta Carmona. La marisma de Doñana no tiene influencia mareal. En verano se seca y en invierno emerge con el agua de las lluvias. Es diferente por ejemplo a la Bahía de Cádiz o la zona onubense del Odiel.
Tanto Juanjo Carmona (WWF) como Juan Pedro Castellano (director del parque Nacional de Doñana) coinciden en que esta nueva catalogación ('marisma mareal') va a «tener consecuencias» porque «Costas está obligada a actuar, a hacer su trabajo, por mucho que nos digan que no va a pasar nada. Es absurdo, porque entonces, para qué te has apropiado de una parte del terreno». Y claro, Doñana está dedicada a la conservación, pero «¿cómo vas a estar conservando una marisma de agua dulce cuando la acabas de declarar marisma mareal? Es que no tendría ningún sentido».
La clave es esa 'Montaña del Río', ese dique que protege a Doñana de la salinización. Un elemento en parte natural que además va desapareciendo debido a la erosión que sufre por la navegación en el río Guadalquivir. «Al perderse todo esos ríos anexos, al tener una navegación y una marea con unas ondas más fuertes, va provocando que la montaña original, un acúmulo de tierra natural, se vaya cayendo. El mismo Ministerio ha ordenado que se restaure en varias ocasiones. Si retiras ese elemento natural, provocas un auténtico y brutal problema en la marisma».
«Si se quita la Montaña del Río, va a crecer la influencia salada de la marea del Parque Nacional y va a haber una merma de los valores naturales del parque, uno de los más importantes de Europa», refuerza Castellanos. «Esto no es una guerra política de la Junta con el Gobierno nacional. Esto es un expediente que no se sostiene y que no es riguroso». Precisamente en esa falta de rigor coincide toda la comunidad. «Hay que deslindar, pero hay que hacerlo bien», confirma Carmona.
Alerta a Europa
Este cambio de paradigma en la visión y gestión de Doñana tendrá un «gravísimo e irreversible impacto» sobre los ecosistemas marismeños, incluyendo la Reserva Biológica de Doñana, corazón del mismo y declarada como Parque Nacional en 1969 por sus valores ambientales como humedal de agua dulce. En la práctica significaría la desaparición de los actuales humedales de agua dulce afectados por esta decisión.
Estas marismas de agua dulce están reconocidas por todos los organismos internacional como un humedal de importancia internacional para numerosas especies de aves acuáticas, reproductoras e invernantes, y como un enclave vital en la ruta migratoria entre Europa Occidental y África Occidental. Este reconocimiento ha sido determinante para su designación como espacio de la Red Natura 2000, Patrimonio Mundial de la Humanidad y Humedal de Importancia Internacional.
«La ministra para la Transición Ecológica debería hacer caso a la ciencia y suspender este deslinde, por la protección de Doñana y sus ecosistemas y la conservación de sus especies de flora y fauna», concluye Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF España.