El Villarreal se parece a sí mismo en Dortmund. Es la versión del equipo que asoma destacado en la liga española, tercero en la clasificación, autor de un juego vistoso y granítico, estilo Marcelino, y que ha naufragado hasta la fecha en la Liga de Campeones.
Es un equipo reconocible en su propuesta: una línea defensiva que no se hunda, un centro del campo que combina con rapidez y una delantera que se aplica con agilidad a las transiciones. El balón vuela en los pies de los jugadores levantinos, aunque no lo tienen con frecuencia en su poder.
La propiedad corresponde al Borussia Dortmund, un equipo que hace valer la intimidación de su grada en el Iduna park, tal vez el recinto del fútbol más influyente por esa disposición especial de la parroquia, de pie y en una sola caída donde caben más de 25.000 almas.
Con el balón no crea peligro el Dortmund, sino que lo retiene, busca, husmea, pero no encuentra. La pelota está en poder de sus defensas o sus centrocampistas pero no llega limpia a sus delanteros. Adeyemi tarda muchos minutos en hacer daño, aunque lo hace es letal.
Antes ha tenido el partido el Villarreal en las botas de sus delanteros. A Buchanan le anulan un gol por fuera de juego y luego falla una clara como el agua. Por las transiciones o por la jugada parada, el Villarreal encuentra cómo hacer daño a su adversario (Buchanan potra vez, Gueye muy alto).
La falta de contundencia, el término favorito de Simeone, penaliza al Villarreal porque Adeyemi ha despertado, penetra como Lamine Yamal por la derecha apoyado en su pierna izquierda y provoca amenaza. A la tercera incursión el asunto acaba en córner y el tiro de esquina lo remata Guirassy a gol.
Ni el Villarreal ni nadie vio venir la segunda parte en plancha. Fue un giro total del guion, un aluvión que se llevó por delante al conjunto español en un visto y no visto. Todo empezó con el penalti y la expulsión por mano sobre la raya de gol de Juan Foyth. El penalti lo transformó Guirassy al rebote y el Villarreal, con diez, se difuminó sin remedio.
En esa oleada de euforia, el Dortmund marcó el tercero en una cadena de paredes y rechaces que concluyó con gol de Adeyemi. Y en el tiempo extra, con el cuarto tanto obra de Svensson. Un cierre lastimoso para un Villarreal que no mereció semejante castigo.