El joven que atacó a la Policía al grito de 'Allahu Akbar' acuchilló a tres personas horas antes en una plazuela de Vallecas

Mientras los tres heridos son atendidos por el Samur-Protección Civil (los dos primeros tuvieron que ser trasladados leves al hospital, mientras que el último acudió por sus propios medios al centro médico), algunos de los testimonios recopilados apuntan a que el sospechoso podría ser de origen sudamericano, lo que en ese momento dificulta presagiar cualquier motivación yihadista derivada del suceso. Una circunstancia que va a cambiar por completo a partir de las 16.45, cuando un adolescente de 16 años realiza una llamada de urgencia a la Policía.

El menor manifiesta que su hermano, de 18 y español aunque de origen magrebí, porta un cuchillo de grandes dimensiones y presenta sus facultades mentales muy alteradas dentro del domicilio familiar, en el número 69 de la calle Peña de Atalaya. De inmediato, y ante la sospecha de que pudiera ser el mismo individuo (por la cercanía entre ambos puntos, a menos de cinco minutos a pie, entre otros detalles), todas las patrullas de la Policía Nacional y Municipal operativas en la zona se acercan hasta el inmueble.

Allí, se entrevistan con el hermano (quien para entonces ya no se encontraba en la vivienda) y tratan de que el atrincherado deponga su actitud. Pero nada más lejos de la realidad. Al abrir la puerta, muestra un carácter totalmente agresivo y no para de gritar a los agentes «os voy a matar», tanto, que un policía nacional y otro municipal tienen que hacer uso de sus pistolas táser. Es en balde, ya que las descargas de 50.000 voltios (si el dardo perfora completamente la piel) ni siquiera consiguen inmovilizarlo.

La razón es simple. «Iba hasta arriba», apuntan a ABC las distintas fuentes consultadas, en alusión a la ingesta de drogas de un sujeto conocido en la zona por su amistad con algunos toxicómanos. La situación es extrema, por lo que los actuantes requieren la presencia del Subgrupo Operativo Antiterrorista de Reacción (SOAR), que en la práctica es una furgoneta de la UIP equipada con material antiterrorista para acudir a cualquier acto marcado por esta casuística en Madrid. Para entender la magnitud del aviso, los agentes acuden equipados con subfusiles MP5, armas empleadas solo por unidades de élite como la del Grupo Especial de Operaciones (GEO).

El individuo es conocido en la zona por sus problemas de consumo y su amistad con algunos toxicómanos

Una vez en el descansillo, llaman a la vivienda en reiteradas ocasiones, sin que el interpelado abra de nuevo la puerta. Desde dentro, las amenazas continúan. «Los intervinientes escucharon primero lo que parecía un rezo (en árabe) y gritos de 'que se iban a ir con él'», apuntan las mismas fuentes. Esta peligrosa escalada lleva a los miembros de la UIP a tomar la determinación de entrar. Aunque son conscientes del escenario al que se pueden enfrentar, no dudan en derribar la puerta, donde, nada más acceder, el joven se abalanza sobre ellos armado con un cuchillo mientras grita 'Allahu Akbar'. Un movimiento de claro riesgo vital y en un espacio muy reducido que obliga a los intervinientes a disparar contra él hasta en tres ocasiones.

Tras comprobar que no hay ninguna amenaza más en el domicilio, los agentes taponan las heridas hasta la llegada del Samur-Protección Civil, cuyos facultativos toman el relevo. El abatido presenta tres impactos de bala, uno en la zona renal, otro en el tórax y un último en la cadera, por lo que es trasladado en estado grave al hospital Gregorio Marañón. La investigación corre a cargo de la Brigada Provincial de Información, que trata ahora de dilucidar si el autor sufrió un trastorno por el consumo de estupefacientes o tenía algún tipo de motivación yihadista.

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