Se ha extendido que el líder nazi lo encargó pensando en la invasión del país, pero la realidad es que lo que le quitaba el sueño era que la artillería ubicada por los galos en la frontera disparase de forma impune contra Renania.
Construir el coloso
El personal de la fábrica se puso manos a la obra y presentó un informe en el que proponía forjar una pieza de artillería sobre raíles de un calibre que rondara entre los 70 y los 100 centímetros. El 'Führer', ilusionado, se reunió con Krupp en marzo de 1936 para preguntar si el diseño era viable. Gustav, zorro viejo, respondió que era plausible, aunque no sencillo.
Poco más necesitaba el dictador. El industrial adelantó entonces siete millones de marcos para que el proyecto, calificado de alto secreto, comenzase a andar un extenso camino que terminó en el verano de 1940. Casi cuatro años en los que la compañía tuvo que solventar dificultades como que el bloque del cañón pudiera dividirse en cuatro partes para ser transportado de una forma más sencilla o que la recámara soportase las altísimas presiones provocadas tras cada disparo.
El resultado, bautizado como el mandamás de Krupp, era estremecedor. El cañón, cuya boca se extendía casi un metro de ancho, pesaba 1.465 toneladas, medía 12 metros de altura y podía disparar a una distancia máxima de 47 kilómetros. Algo similar sucedía con los proyectiles: alcanzaban los 5.000 kilogramos y estaban cargados con hasta 400 de explosivo.
Además, las primeras pruebas, realizadas en Hillersleben y presididas por Adolf Hitler y por el ministro de Armamento, Albert Speer, llamaron al optimismo. En ellas, los jerarcas vieron con asombro que generaba cráteres de 10 metros de ancho y otros tantos de profundidad. Sin embargo, 'Gustav' no llegó a tiempo para la invasión de Francia. A cambio, el 'Führer' planteó utilizarlo contra las defensas de Gibraltar, pero la negativa de Francisco Franco a aliarse con la Alemania nazi impidió su estreno.
En todo caso, no se puede decir que el cañón le saliese caro, pues Krupp decidió regalárselo al Reich para demostrar su compromiso con el esfuerzo de guerra. Así lo atestigua una misiva enviada por el propio Gustav el 24 de julio de 1942: «Mein 'Führer', la gran arma que se ha fabricado con sus directrices ha demostrado su eficacia. […] Es un orgullo para mí y para mi esposa entregársela y le pedimos como un favor que la fábrica Krupp se abstenga de cobrar por este primer producto. Gracias por la confianza depositada en nuestro trabajo y en nosotros».
Catástrofe
Lo que no explicó es que aquella pieza de artillería era un auténtico engorro. Los datos hablan por sí solos: necesitaba de 1.500 hombres para ser operativa, debía ser acompañada de defensas antiaéreas para evitar que los aviones enemigos la destruyeran y apenas podía realizar dos disparos a la hora. Tras el inicio de la 'Operación Barbarroja', la invasión de Rusia, 'Gustav' fue trasladado hasta Sebastopol, uno de los escollos más molestos para el Tercer Reich. Cuando esta urbe se rindió había disparado 48 proyectiles y, aunque Hitler se esforzó en demostrar lo contrario, tan solo uno de cada cinco había dado en el blanco. Por si fuera poco, al terminar tuvo que ser enviado de nuevo a Alemania para una puesta a punto.
Se desconoce qué sucedió con ellos, pero lo que está claro es que no estuvieron a la altura de su gigantesco coste
Ya listo, tanto él como su gemelo, 'Dora', fueron trasladados al Grupo de Ejércitos Norte para participar en el asedio de Leningrado. Se llegaron a excavar posiciones para ellos, pero no fueron utilizados por culpa de un contrataque enemigo. A partir de entonces existe cierta controversia sobre su paradero. Marc Romanych y Martin Rupp (autores de 'World War II. German super-heavy siege guns') son partidarios de que el primero fue destruido y hallado por los aliados cerca de la urbe.
A su vez, están convencidos de que su hermano fue dañado por los aviones soviéticos y tuvo que ser llevado hasta Auerswalde, donde fue almacenado y olvidado. Pero existen una infinidad de teorías. Una de ellas es la de David Porter, quien sostiene que los historiadores han cometido un severo error y que 'Dora' fue un apodo cariñoso que los soldados alemanes pusieron al único 'Kanone Gustav Gerät de 80 cm.' construido.