La vieja 'imputación', reabierta por un documental de HBO, fue confrontada por la autodefensa frontal del cineasta en sus memorias, y así sigue la cosa, sin judicializar, pero con el artista considerado un paria y sin películas a la vista. Y en este cuadro hogaño, a punto de ser nonagenario, de repente Allen debuta en la novela. ¡Hay ganas! '¿Qué pasa con Baum?' se titula el libro y la portada es 'El grito' de Munch en Central Park, una obra marca de la casa por las 'taras' del protagonista y en donde se entrevé una caricatura de Mia y Ronan Farrow, además de la suya propia.
Hablamos con el nuevo novelista por mail de arte, el infinito, Gaza y su visión de la humanidad. Y como en las entrevistas que ha dado en los últimos años se adivina un desencanto, como el de un humorista al que ya poco le hace reír.
-¿Qué se siente al debutar en novela a los casi 90?
-Siempre quise escribir una novela y por fin tuve tiempo para hacerlo, así que fue una experiencia placentera.
-¿Le hubiera gustado rodar una película de '¿Qué pasa con Baum?'?
-No necesariamente, pero podría haber sido una película. Podría haberla hecho, pero no me interesa ahora ni me interesaría nunca.
-En su libro, al escritor Baum, el protagonista, le dice su conciencia: «Quieres alcanzar la genialidad a toda costa. Tus historias siempre dan lecciones. Quieres cambiar la vida de la gente, transmitir sabiduría. Eso es aburrido; equiparas el disfrute con la banalidad». En su opinión, ¿es un buen consejo artístico? ¿A usted le ha obsesionado la genialidad?
-No podría hablar por nadie más, pero siempre lo hago lo mejor que puedo: la mejor idea, la escribo lo mejor que puedo, y a veces conecta con el público y a veces no les interesa. Siempre intento hacer la mejor película o el mejor libro posible en cada momento.
-¿Alguna vez la idea de estar divirtiéndose de más le ha causado conflicto en un mundo con tantas tragedias?
-Me divierto mucho con mi familia, tocando música o viendo deportes. Divertirme no es un problema para mí.
-¿Se puede vivir creando arte elevado sin venderse y a la vez tener un techo?
-Puedes. Nunca he sentido que me estuviera vendiendo. Nunca acepté proyectos por dinero ni fui contratado para proyectos. He dedicado toda mi vida a hacer lo que quería artísticamente. Creo que, si tienes suerte, puedes ganarte el pan dedicando toda tu vida al arte sin tener que venderte.
-Kafka aparece en varias ocasiones citado en '¿Qué pasa con Baum?'. El escritor checo en vida apenas tuvo repercusión, y ahora quizá es el más importante del siglo XX. ¿Por qué le interesa?
-Interesa a todo el mundo y, como dices, es el más importante del siglo XX. Sus historias son desbordantemente imaginativas, su intelecto es estimulante, es ameno y es sustancial. No estoy solo yo en esto, es el mundo entero.
-Me gustaría preguntarle también por Saul Bellow, Nobel de Literatura, ya que su novela recuerda a algunas obras de este como 'Hergoz' o 'Ravelstein' y que hizo un cameo incluso en su película 'Zelig'... ¿Cómo le recuerda?
-Me encanta su obra, pienso que era genial, muy ingenioso y siempre ha sido uno de mis cinco novelistas favoritos. He leído todos sus libros y fue un gran placer y un honor dirigirlo en una película. Era genial.
-En este sentido, y a estas alturas de su vida, ¿qué artistas cree que han tenido el mayor impacto en usted, a los que siempre recurre?
-Siempre tuve una extraña combinación de influencias de Ingmar Bergman y Groucho Marx. Ambos fueron enormes influencias en mi obra, y la medida en que influyeron en mi obra es una receta, una combinación en sí misma. Ellos han sido los dos más importantes.
-Le escuché una vez una menguada opinión sobre su filmografía. Hablaba de otros directores, como el propio Bergman, colocándolos en un escalón superior. ¿No cree que su obra trascenderá?
-Con 'trascender' no estoy del todo seguro de a qué te refieres, a menos que te refieras a si durará. No hay forma de saberlo, puedes retroceder cinco años o cien años y no hay forma de saber si alguien estará leyendo mis libros o viendo películas en ese momento. Y la verdad es que me da igual.
-Le leo: «Tengo una opinión muy baja de los seres humanos, y mi prueba son los seis millones de muertes». Una vez entrevisté a Béla Tarr, y me dijo: «El ser humano es un animal terrible. Y, en cierto modo, no podemos hacer nada». ¿Estamos condenados a repetir los mismos errores?
-Sí, creo que estamos condenados. No estoy de acuerdo con Faulkner en que la humanidad no solo perdurará sino que prevalecerá. No creo que perdure. Tal como va el mundo se destruirá a sí mismo de una forma u otra. No me refiero a mañana, pero creo que con el paso del tiempo, los seres humanos destruirán el mundo de una forma u otra.
-En '¿Qué pasa con Baum?' se menta el Holocausto y masacres en Rusia y Gaza... ¿Cree que en Gaza se estaba cometiendo un genocidio?
-No veo que mi libro haga referencia alguna vez a Gaza. Sé un poco sobre el Holocausto porque ha pasado mucho tiempo y también sobre la Rusia estalinista, por leer sobre el tema. En cuanto a Gaza, no tengo ni la menor idea de qué está pasando realmente allí ni cómo terminará.
(Quizá la traducción española tenga ese añadido o Allen no recuerde que, en la página 82, escribe: «Llegó con tiempo a la cita y se puso a hojear algunas revistas. En una aparecía la masacre del pueblo de Haití; en otra, la masacre del pueblo de Ucrania; también se masacraba al pueblo de Gaza. Dejó las revistas en su sitio y cogió un periódico, donde vio que no había que ir tan lejos para presenciar una masacre, ya que abundaban las noticias nacionales sobre gente que moría de un disparo, un apuñalamiento o un empujón a las vías del metro. Por no hablar de las matanzas en centros comerciales y colegios. Está claro, éramos un fracaso de especie, descendíamos de los simios pero apenas habíamos evolucionado...»).
-Ha recibido acusaciones muy graves en su contra. ¿Qué ha aprendido, a nivel humano, de todo ello? ¿Siente tristeza?
-Siempre he sido misántropo, así que, si eres misántropo, la gente nunca puede decepcionarte. Y no lo ha hecho.
-¿Le agobian las magnitudes cósmicas o los números irracionales?
-Sí, pero si te paras a pensarlo. El universo tiene números enormes, miles de millones de años luz y distancias gigantescas, y yo peso unos 61 kilos, que no es nada.
-¿Son el miedo y la incomodidad una fuente de inspiración para el humor? ¿Y una forma de combatirlos?
-No. Creo que algunas personas nacen con sentido del humor en distintos grados. Algunas no lo tienen, pero la mayoría sí, y algunas tienen sentido del humor a nivel profesional, como quienes juegan al béisbol en el patio del colegio o se dedican al béisbol profesional. Así lo veo yo: se nace con él. Yo tuve suerte. Nací con sentido del humor, lo que me permitió ser profesional de ello toda mi vida. Otros tienen sentido del humor, pero no lo suficientemente fuerte desde su nacimiento como para vivir de él toda la vida.
-Buñuel me parece que dijo una vez como que quería envejecer para perder el deseo sexual y así ser feliz. ¿Lo ha pensado alguna vez?
-Eso es una farsa budista. No, envejecer no tiene ninguna ventaja, no te vuelves más sabio ni más apacible. Te deterioras... No hay nada bueno en envejecer.
-Una curiosa reivindicación de su novela es esta: «Lo que esos astutos estafadores nunca entienden es que se puede engañar a la gente inteligente, culta y educada, pero el mundo está lleno de bichos raros y frikis, y no se les puede engañar». ¿Un homenaje a los inadaptados?
-Sí, creo que no se puede engañar a la gente que tiene un conocimiento instintivo de las cosas. Tú puedes engañar a la gente que se basa en su intelecto, pero a los que tienen una corazonada, un instinto, es difícil engañarlos.
-Nació en 1935. ¿Cree que el mundo ha mejorado desde entonces?
-No, el mundo era pésimo entonces, sumido en la depresión, y el mundo es pésimo ahora con guerras y asesinatos. Entonces, no. El mundo sigue siendo mucho peor de lo que debería ser.
-A sus 89 años, ¿ha aprendido algo sobre cómo afrontar la muerte?
-No es algo que se pueda aprender. Estás programado para resistirla y te resistes, a pesar de toda lógica, hasta el final.