En ese escepticismo se mantiene la dirección nacional popular a la espera de ver qué ocurre el lunes en la reunión que Puigdemont va a tener con los suyos en Perpiñán (Francia) y ante la posibilidad de que Junts consulte a la militancia si debe romper con Sánchez. Hasta el momento las grandes decisiones han contado con el aval de los militantes, como ocurrió con el propio pacto para investir al socialista en 2023 o su salida del gobierno autonómico con Pere Aragonès un año antes. En el PP, sin embargo, desconfían por ahora de las verdaderas intenciones del líder de Junts, huido de la Justicia española desde hace ocho años. No se creen a Puigdemont.
«Son demasiadas advertencias sin consecuencias», coinciden varios cargos consultados por ABC. En el entorno de Alberto Núñez Feijóo insisten en que «no se pronunciarán sobre especulaciones» y solo fijarán postura si finalmente hay una escenificación real de la ruptura. «No valen más declaraciones de dirigentes que no tienen nombre y apellido. Si rompen con el Gobierno veremos qué escenarios se abren», zanjan.
En realidad, Feijóo ya ha dicho en varias ocasiones que si tuviera los apoyos necesarios presentaría una moción de censura, fijando como prioridad el fin de esta legislatura y que termine la etapa gubernamental de Sánchez. En esas comparecencias –algunas con mucha solemnidad desde el Congreso de los Diputados en pleno escándalo de corrupción del PSOE– el dirigente conservador ha apelado directamente a los socios parlamentarios que sostienen a Sánchez, sin obtener ningún éxito hasta el momento.
El PP no quiere pronunciarse sobre mociones de censura instrumentales –la opción que podría estar encima de la mesa si Junts deja de apoyar formalmente al Gobierno– que tendría un candidato distinto a Feijóo, pero consensuado con el PP, y cuyo único objetivo pasaría por convocar elecciones generales. En ambientes independentistas circula la idea de que Junts podría abrirse a esta propuesta en caso de que Sánchez descarte convocar elecciones si es que se produce la ruptura total. En Génova, sin embargo, lo dejan claro: «Solo hablaremos de hechos. Vamos a ver qué es lo que hace finalmente Junts».
Las dudas internas
Para algunos dirigentes populares consultados, esta moción de censura instrumental sería una «vía complicada» desde todos los ángulos posibles. No terminan de ver con buenos ojos que no estuviera encabezada por su líder, sino por otro candidato que está por ver, dicen, cómo se elegiría. «¿Qué sentido tiene para nosotros hacer presidente a alguien que no sea Feijóo? Ninguno. Esa moción instrumental tendríamos que encabezarla igualmente nosotros», reflexionan.
Recuerdan también que esa herramienta la utilizó antes de Vox, en marzo de 2023 con Ramón Tamames como candidato, y terminó en un debate poco edificante y sin hacer un solo rasguño al Gobierno. De hecho, todos los análisis consideraron que Sánchez había salido fortalecido porque quedó claro que no existía alternativa posible a sus apoyos parlamentarios.
Fuentes populares aseguran que lo primero será ver si efectivamente se produce la ruptura y que lo importante será la escenificación: para que en Génova lo tomen en serio tendría que haber una declaración sin condiciones, ni interrogantes, ni tampoco dudas. Que Puigdemont dejara claro, en un mensaje público, que no solo no habrá Presupuestos sino que da por muerta la legislatura porque no apoyará nada más. Hasta ahora Junts ha amenazado con eso en varias ocasions, pero ha terminado salvando votaciones clave para Sánchez como el embargo de armas a Israel. El PP entiende que Puigdemont debería incluso exigir elecciones cuanto antes.
Si todo esto ocurriera –algo que todavía no ha pasado nunca, recalcan dirigentes del PP, recordando otros órdagos que han quedado en nada– en Génova sí se abriría un abanico con opciones distintas a las de ahora. En la cúpula conservadora dan por hecho que su partido se sumaría a la exigencia de que Sánchez convoque generales y que, después, podría plantear una moción de censura con Feijóo al frente. Buena parte de la estrategia del PP pasa por meter presión a los socios. Al PNV por los casos de corrupción que ahora asedian a los socialistas, teniendo en cuenta que apoyaron la moción de censura contra Mariano Rajoy por la sentencia de la Gürtel; y a Junts por ese motivo y también tratando de evidenciar que muchas políticas de Sánchez van en contra del ideario de los neoconvergentes.
Todos los consultados reiteran que no se deben adelantar pantallas por la «poca fiabilidad» que hasta el momento ha demostrado Junts cuando amagaba con romper con el Gobierno, que sigue pidiendo «diálogo y más diálogo», y que ayer mismo dio un golpe de timón al conseguir que Alemania cambiara de idea y se abra a iniciar «un diálogo» para promover la oficialidad del catalán en las instituciones europeas. Un paso al que Génova resta peso, pero que le ha dado oxígeno a Sánchez y que no deja en buen lugar a Feijóo.
La otra patata caliente al hablar de moción de censura dentro del PP siempre tiene que ver con lo delicado que es para el partido mover cualquier ficha de la mano de Junts. Hay sectores del partido que no ven viable llegar al poder «a cualquier precio» y con eso se refieren a que sea con el apoyo de Puigdemont. Las relaciones con Junts siempre son un tema de alto voltaje en las filas del PP como ha quedado demostrado en cada momento de la legislatura en la que parecía haber un acercamiento. Esa, dicen otros dirigentes, es definitivamente «otra pantalla» para la que «queda mucho o todo», pensando en que no llegará.